El Musel. Puerto de Gijón

5 abril 2014

A finales del siglo XIX, el puerto de Gijón emplazado a los pies del cerro de Santa Catalina mostró sus limitaciones ante el desarrollo industrial que estaba viviendo la ciudad y el entorno más próximo. En sus muelles convivían productos como vidrios, derivados del petróleo e hilaturas, junto con las hullas de las cuencas mineras asturianas, exportadas por vía marítima ante la complejidad de la orografía del Principado. De poco sirvió que la línea férrea de Langreo llegara desde las minas hasta los mismos muelles y que se montaran los drops británicos para agilizar la carga de hulla en las bodegas de los vapores. El puerto local era pequeño y necesitaba alternativas.

La alternativa estaba en el proyectado puerto refugio de El Musel, situado a sotavento del cabo de Torres. Sin embargo, esta opción tuvo que batallar en dos frentes: por un lado, convencer a los partidarios de ampliar las antiguas instalaciones adosadas a la ciudad y, por otra lado, competir frente a las legítimas aspiraciones de otros puertos y localidades vecinas que contaban con resguardadas rías, como eran San Esteban de Pravia y Avilés, interesados en acoger los tráficos de Gijón.

El Musel salió adelante y, mediado el siglo XX, era un gran puerto exportador de hulla que alcanzaba, en el año 1956, la cifra de 2,8 millones de toneladas de combustible fósil embarcado. Por esos años empezaban a tomar forma los gigantes de la siderurgia. En la década de 1950 nacería la Empresa Nacional Siderúrgica (ENSIDESA) a orillas de la ría de Avilés. En los sesenta se construirían los diques de Levante y del Oeste en el puerto de El Musel y se crearía Hunosa.

A finales del siglo XX, la carencia de espacio en el puerto de El Musel era manifiesta y suponía una barrera para el crecimiento de toda una comarca. Las superficies ocupadas por el terminal de minerales de la empresa EBHISA (European Bulk Handling Installation) se encontraban al límite de su capacidad, a pesar del alivio aportado por las instalaciones de Aboño, conectadas con los muelles de El Musel mediante túneles y cintas transportadoras. A finales de los años noventa, el tráfico de mercancías en el puerto alcanzaba y mantenía los 20 millones de toneladas anuales, de los cuales 16 eran de graneles sólidos. En consecuencia, Gijón se convertía en el mayor puerto granelero de España. Pero se estaba a punto de alcanzar la capacidad máxima anual de movimiento en la terminal operada por EHIBSA, cifrada en 17 millones de toneladas de mineral.

La ampliación llegaba a tiempo, porque 2005 fue un año récord en el tráfico portuario de El Musel, al registrar el movimiento de 21,81 millones de toneladas de mercancías. En febrero de ese año se iniciaba el acopio de materiales para dar comienzo a las obras de la ampliación, cuyo elemento vertebrador era el dique de Abrigo, y en mayo daban comienzo los primeros vertidos de materiales al mar para empezar a ganar terreno. La construcción de los 3.834 metros del dique de abrigo se realizó en tres tramos: Primer tramo (dique de Torres) de 1.488 metros, segundo tramo (dique Norte) de 1.530 metros y el tercer tramo (Contradique) de 816 metros de longitud.

El Puerto de Gijón en la actualidad es el primer puerto granelero español, el sexto en el ranking general de puertos españoles y el cuarto en resultados de explotación. Está equipado con las más modernas instalaciones, aptas para manipular todo tipo de tráficos.

El Puerto de Gijón cerro el ejercicio del 2013 con un crecimiento del 3,7 por ciento en el volumen de mercancías, impulsado por el trafico de contenedores y las importaciones de mineral de hierro.

El Musel durante el año 2013 movió 17.766.772 toneladas de mercancías, 638.974 toneladas más que el año 2012, lo que significa un alza del 3,73 por ciento, según un informe de la Autoridad Portuaria.

El incremento se ha registrado tanto en los graneles sólidos, con 3.277.612 toneladas, 820.192 más que el ejercicio anterior; como en las mercancías generales, con 2.628.411 toneladas, 333.306 ?mas que en el 2012.

Los graneles líquidos han descendido, especialmente los derivados del petróleo y el gas, con un saldo 792.384 toneladas, un 16,61 por ciento menos.

El Sábado 5 de Abril fue la cuarta sesión de trabajo de campo para el proyecto “transporte”. En esta ocasión estuvimos en el puerto de El Musel en Gijón

Ya habíamos estado antes en El Musel, pero solo en La Lonja. Recordamos que el ambiente sonoro en La Lonja, estaba llevo de matices. En su interior, pequeños altavoces transmitiendo todo el tiempo la subasta, el murmullo continuo de los pescadores y comerciantes que participaban en la misma, la máquina que etiquetaba las cajas, el arrastre de estas por el suelo y un zumbido eléctrico continuo. En el exterior, los motores de los barcos, el sonido de las mangueras de agua limpiando las embarcaciones y diques y las gaviotas revoloteando.

Esta vez el ambiente sonoro que íbamos a buscar en El Musel era el de la carga y descarga de contenedores. A pesar de que el Sábado no había mucha actividad en el puerto, tuvimos la oportunidad de escuchar y grabar la carga de contenedores en un buque. En el proceso de carga el sonido predominante era el producido por el motor del vehículo que trasladaba los contenedores desde la zona de almacenamiento en el puerto hasta dejarlos justo a lado del buque, para que desde allí los estibadores con los grúas los subieran a bordo. El sonidos de ese motor era tan intenso que hacía que el resto de sonidos pasasen a un segundo plano. y solo tomaran protagonismo cuando paraba el vehículo. Entonces el paisaje sonoro era una sucesión de sonidos producidos por motores de barcos y grúas, cadenas golpeando y rozando los contenedores, martillazos, agua, gaviotas y murmullo de trabajadores.

A media mañana cambiamos de lugar. Fuimos a una zona donde no había nada de actividad. Allí el paisaje sonoro era muy delicado. Se escuchaban prácticamente los mismos sonidos que en el otro lugar, pero llegaban muy atenuados.

Estando allí nos coincidió la llegada de un buque de gran eslora. Entraba en el puerto tan despacio y sin hacer apenas ruido, que no alteraba prácticamente nada el ambiente sonoro. A todos nos llamó la atención el poco ruido que metía. ¿Será que cuanto mayores son los barcos menos ruido meten?

Queremos agradecer al El Puerto de Gijón por darnos permiso para realizar esta jornada de trabajo de campo y muy especialmente a Lucía Llaneza de Marítima del Principado (marprin), por su ayuda en la mediación y por su compañía durante toda la jornada. Sin ella esto hubiera sido muy complicado.

Volveremos a El Musel, pero a escuchar y grabar la salida o llegada de alguno de los Ferrys que unen el puerto de Gijón con los puertos de Nantes y Saint Nazaire (Francia), Poole (Inglaterra) y Rosslare (Irlanda).

Imágenes: LABoral / L. Arias | Juanjo Palacios




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